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Todas las notas


Si gestionás personas, estás pagando un costo invisible todos los meses.
No aparece en ningún reporte. Pero está en cada semana de trabajo. En cada reunión que no arrancó bien. En cada tarea que tardó el doble. En cada lunes que alguien faltó. Ese empleado llegó. Está sentado ahí. Pero tiene la cabeza en otro lado. En el vencimiento que se acerca. En el sueldo que ya se fue y todavía falta medio mes. En la conversación que tuvo el fin de semana y no terminó bien. No te lo dice. No le dice a nadie. Porque hablar de plata en el trabajo da vergüenz
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Tercer pedido de adelanto de sueldo esta semana. Y es miércoles.
Siempre es el mismo patrón. Llegan. Te cuentan un poco. Te piden ayuda con algo que no sabés cómo manejar porque sentís que no tenés todas las herramientas necesarias. Y vos hacés lo que podés: escuchás, contenés, derivás. Pero la semana que viene vuelve. Con otro empleado. Con la misma cara. A esta altura ya lo sabés: lo que les pasa a tus colaboradores con la plata no se queda en casa. Llega al trabajo. Se sienta en las reuniones. Baja el rendimiento. Complica el clima. 57
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Antes de diseñar la solución, quisimos escuchar. Conversamos con grandes empresas uruguayas sobre cómo los problemas financieros afectan a sus equipos.
Te compartimos algunas de las frases que más nos marcaron. Y es que esto, no es un caso aislado. Es algo que pasa en empresas de todos los rubros, de todos los tamaños. Un empleado que empieza a deber. Que pide un préstamo para cubrir otro. Que pide un adelanto tras otro. Que llega al trabajo con el peso de una situación financiera que se fue de las manos y que no sabe cómo resolver. Por fuera sigue funcionando. Va a trabajar, cumple. Pero algo cambió. Se irrita más fácil.
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Hay algo que casi ningún empleado va a decirte en una reunión de equipo.
Que no sabe cómo llegar a fin de mes. Que debe más de lo que gana. Que se despierta a las 3 de la mañana pensando en los números en rojo. No lo dice porque le da vergüenza. Porque mezclar el trabajo con los problemas económicos se siente como una debilidad. Y además, porque no sabe bien a quién pedirle ayuda sin que eso lo exponga. Entonces no hace nada. Carga con eso solo. Y lo trae al trabajo aunque no quiera. Se distrae más. Le cuesta concentrarse. Participa menos.
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El estrés no queda en casa: llega al trabajo
Son las 10 de la mañana y ya recibiste el tercer mensaje del día que no tiene nada que ver con el trabajo. Es un empleado. Necesita hablar con vos. Otra vez. La semana pasada fue por el adelanto de sueldo. Esta semana no sabés bien qué es, pero la cara que pone cuando te lo dice ya la conocés. Y vos, mientras lo escuchás pensás: "¿Qué hago con esto? No es mi lugar meterme en su vida financiera. Pero tampoco puedo ignorar que algo no está bien." Así que hacés lo que podés: lo
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